Ayer corrí mi sexta Behobia-San Sebastian, una carrera que engancha.
El año pasado, después de dos años en el dique seco por una lesión de rodilla, elegía esta carrera para volver a las andadas y me dejó un regusto amargo, el calor, las ganas de volver y la perdida del saber hacer en carrera me llevaron a un mal resultado y lo que es peor a tener muy malas sensaciones (Ver crónica).
Así pues, este año, quería quitarme ese mal sabor de boca porque la carrera lo merece. Como casi siempre el plan era pernoctar en Pamplona y a las 7:30 autobús a Behobia.

El día pintaba mal (o bien según como se mire) anunciaban lluvia intensa y 11 grados de máxima y efectivamente se cumplieron las predicciones. Había quedado con Patri y Javi, pero fue imposible vernos mi autobús se retrasó y cuando acudí al punto de encuentro no había nadie, normal jarreando como estaba, los 25000 corredores nos hacinabamos bajo los pocos techos disponibles.
Personalmente quería que hiciera mal tiempo, muy mal tiempo, pero esperando durante más de una hora la salida bajo semejante diluvio pensé que me había pasado con el deseo, caía agua a mares y hacía, digamos, un poco de fresco.
Como todo llega, 15 minutos antes de nuestra cita con la salida, salí con mi amigo del parapeto donde estabamos refugiados y empezamos a trotar cubiertos con una bolsa de basura king size y, ¡oh sorpresa!, la adrenalina empieza a hacer su efecto, todo temor al mal tiempo desaparece y nos metemos al lio, ya veo que va a ser una carrera de las que se recuerdan, agua intensa, charcos ineludibles, 25.000 personas, nos despojamos de las bolsas-chubasquero y ... a correr.

Los primeros kilometros los hago regulando y aclimatandome al agua fresca, en el km 3 empiezo a tener calor y me quito la camiseta que llevaba para salir, me quedo exclusivamente con la veggiseta -ya empapada-, la gorra y dos esponjas como zapatillas (chocochof, chocochof -canturreaban llenas de agua, que jodias-). Empieza la diversión, me veo bien pero no quiero agotarme antes de hora, así que, sigo regulando hasta el alto de Gaintxurizketa (km 8). Por un momento, en el km 10, empieza a abrir el cielo y parece que va a dejar de llover pero en cosa de 10 minutos vuelve la lluvia.
Durante todo el recorrido, sobre todo del km 12 hasta meta y a pesar de la lluvia, hay cantidad de público animando, sin duda uno de los principales atractivos de la prueba, en nombre de los corredores: GRACIAS PÚBLICO.

Sobre el km 14 alguien, me toca por detrás y me caigo de bruces al suelo, como caería un saco de patatas, afortunadamente el asfalto estaba mojado y deslice sin hacerme ni un rasguño (otra ventaja de la lluvia).
Aprovecho para agradecer desde aquí el gesto del o de la que me tiro al suelo que ni paró, ni se disculpó, ni nada de nada, espíritu deportivo.
Esto me enciende la sangre y decido que ya vale de regular, voy bien y hay que vaciarse, empiezo a tirar a 4'40" el km, aguanto bien, con buenas sensaciones, paso el alto de Miracruz, a 3 km de meta, algo justo pero recupero pronto.

fotoBehobia.

Los últimos tres km, con el público espectacular y la lluvia desatada, son kilometros para disfrutar viendo que la cosa marcha, hago el último km a 4'30". Al final 1h 39', no es mi mejor tiempo en la Behobia pero si, por las circunstancias (estoy recomenzando y cuesta mucho), la que mejor sabor de boca me ha dejado. Otro año con la camiseta de la UDV en una carrera especial, como siempre un gustazo y una motivación extra. A resaltar especialmente el tiempazo del veggierunner Javi Ballesteros, 1:09 y puesto 98, es increible, estar en el top 100 de la Behobia es una hazaña. Enhorabuena Javi, y también a Patri por su debut en la Behobia, seguro que ambos repiten, como casi todos lo que probamos esta carrera.